Tenemos la manía de llamar a todo aquel que hace algo bien o muy bien “genio”. Y yo no tengo ni pajolera idea de qué es un genio. Quizás es alguien cuya inteligencia es tan especial, tan rara, que sabemos de una manera casi inconsciente que no vamos a encontrar muchos similares. Quizás es alguien que, por las razones que sea, acierta donde muchos otros han fallado. Quizás es alguien que descubre qué teclas tocar para sorprender y deslumbrar, y lo usa para ganarse la admiración de los demás. En fin, que ni pajolera. El caso es que de Hideo Kojima también es habitual escuchar la parida ésta de que es un genio. Y francamente, creo que no lo es. Y ni puñetera falta que le hace.
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Entonces, ¿Por qué destaca la obra de Kojima? ¿Qué lo hace uno de los grandes nombres de esta cosa del videojuego? Es bastante complicado definir qué hace que un luzca más que otr, qué misteriosos elementos han de conjugarse para que unos nombres se marquen a hierro en nuestros cerebros y otros pasen raudos cual kiki de hamster de una oreja a la otra. Y más si hablamos de la industria japonesa, que tiende a ocultar a sus creadores bajo capas de corporativismo y despersonalización de sus propios productos.
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El caso es que conocemos a Kojima, un poco como conocemos a Miyamoto o a Kamiya. Pero aunque la fama de estas estrellas niponas del mundillo, que en algunos casos trasciende el gueto gamer, se debe en gran medida a que han triunfado en lo suyo, no es la única explicación. Sí, vender mucho te pone en el centro del escenario, pero hacen falta además muchos focos para que se queden con tu cara. Y son esos otros elementos los que distinguen un one hit wonder de una figura clave de una aún emergente forma de cultura como es la del videojuego. Y Kojima es sin duda una de esas figuras.
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Y lo es en parte porque sí, ha vendido mucho. Sus Metal Gear han sido uno de los grandes pilares a la hora de convencernos de que tenía sentido cambiar a cada nueva generación de consola. Pero por vender también vende toneladas el FIFA y que baje Odín y lo vea si la mayoría conocemos el nombre de uno solo de sus desarrolladores. No es la pasta, es otra cosa. Es la comunicación, por ejemplo. Esa comunicación que trasciende la historia y que habla de tú a tú a los jugadores. Está en los huevos de pascua, esas pequeñas bromas ocultas que meten los desarrolladores en los juegos a modo de guiño. Kojima ha elevado esto a otro nivel. Su afán de romper la cuarta pared, de hablarnos a la cara, de darnos un codazo desde la distancia física y temporal y decirnos socarrón: “has visto, eh? Has visto qué movidote guapo?” va más allá de la mera gracieta. Cuando nos hace levantarnos para cambiar el mando de puerto para poder continuar jugando, o nos muestra una falsa pantalla de game over en medio de una batalla, cuando introduce bromas auto-referenciales como con las famosas cajas con las que nos ocultábamos en el primer Metal Gear Solid en las propias mecánicas del juego, lo que está haciendo es romper las barreras y crear una comunicación directa de su loco cerebrito al nuestro.
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Mucho se le ha permitido a Kojima en este ámbito, por suerte. Y si bien a veces estos codazos son algo gratuitos o incluso chabacanos, lo cierto es que pasan los años y sigues recordándolos como experiencias vividas, bastante más allá del mero entretenimiento funcional. Porque cuando rompes las normas más o menos establecidas, estás ampliando el propio lenguaje del medio. Y ésto el jugador lo sabe tan bien como el propio Kojima, que juega a deslumbrarnos. Y es un juego complicado, porque hay que cumplir las expectativas de lo propuesto. Pero hasta ahora no ha fallado en su afán de sorprendernos.
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Y este es otro punto clave si se quiere entender el éxito de nuestro Hideo: la sorpresa. Desde el cambio de protagonista a traición en el Metal Gear Solid 2, la presentación del difunto Silent Hills oculta tras una demo llamada PT que podía ser cualquier cosa, el juego con los trailers misteriosos, los retorcimientos de las propias tramas de sus obras… Todo busca pillarnos a contrapié, jugar con nuestras expectativas. Y suele conseguirlo. Se puede entender como una mera habilidad especial para el marketing, pero prefiero creer que va algo más allá. Metal Gear va a hacer a los señores trajeados de Konami muy, muy ricos, independientemente de cómo lo vendan. Creo que hay más de espíritu juguetón y las ganas de mantenernos alertas y entusiasmados por sus juegos que otra cosa.
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Y sí, porque al final con sorpresa o sin ella, nos haga la gracia que nos hagan las chorraditas de Kojima, lo que hay es juegos. Con sus defectos y sus virtudes, pero siempre lo bastante bien afilados, distintos entre sí y cargados de ideas estimulantes como para acabar convenciendo. Algunos, como Snatcher o el primer Metal Gear Solid son obras de culto indiscutibles, juegos de esos a los que se vuelve una y otra vez cada ciertos años de un modo u otro. Juegos que ya conforman el imaginario cultural del videojuego, sobre los que se puede escribir y profundizar tanto como queramos. Y poco importa si las historias que cuentan son exageradas hasta el ridículo, o si las mecánicas funcionan mejor o peor. Siempre es lo bastante bueno, porque Kojima de algún modo, aunque todo cambie, siempre es el mismo.
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Kojima es pasión, exceso y una obsesión terca por sorprender; es la montaña absurda de platos de comida fabulosos en su cuenta de twitter. Es el juego con seguramente más horas de vídeo de la historia. Es sus tramas exageradas, a menudo ridículas, que intenta hilvanar entre sí en mil piruetas imposibles. Es la ambición y el tesón de defender la virtud de su obra, que en realidad es la suya propia. Es los abrazos que reparte por todas partes, con su flequillo de intérprete pop adolescente y sus gafitas rectangulares. Y sobre todo, es la promesa de que, con mayor o menor éxito, lo próximo en lo que se embarque va a buscar sorprendernos, y deleitarnos, y darnos codacitos diciendo “¿has visto qué movidote esto? ¿eh? ¿A que lo flipas?”. Así que no, Kojima seguramente no sea un genio. Pero es algo casi mejor: es un tipo que nos quiere.

gracias por mantener tan actualizado el blog :_D
ResponderEliminarEs por no saturar la web, que a este paso va a petar.
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